sábado, 11 de diciembre de 2010

lunes, 29 de noviembre de 2010

Esperable.

Lo odio. Odio como mientes para ellos. Odio como juzgan y te callas. Odio como sueltas toda esa rabia en forma de flechas envenenadas y luego intentas que corra horchata por tus venas. Y disimulas.
Odio como les dejas empujarme y a veces haces tú lo mismo. Odio como parece que gritas ¡Eh, venga! ¡Que aún se sostiene!  y coges carrerilla. Con ellos. Y caigo. Y cuando caigo lo único que veo es a ti. A ti y a tus ojos infinitos. Mirándome. Observándome. Atento. Casi como sonriendo, pero casi solo. Y eso es lo que parece. Y odio que no lo entiendas. Detesto que no te guste mi imaginación.
Odio.
Te odio por ocultármelo hasta el último instanto. Les odio. Te odio.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Este silencio me está matando.

Una vez que conoces, aceptas y odias la realidad empiezas a plantearte el marcharte.
Pero irte de verdad. Con y a por todas.
Sin importarte que pasará después o que vendrá mañana.



En realidad lo que de verdad me desespera es el bloqueo.
Encontrarme perdida sin saber que decir, pensar o hacer. Escuchar como llueve y no saber que está lloviendo hasta que todo se queda de nuevo en silencio y parece que por unos instantes los mecanismos del reloj vuelven a funcionar.

Pero creo que debería ir a un relojero, me parece que me he vuelto a estropear.

martes, 7 de septiembre de 2010

Círculos imprecisos.

Nunca puedes saber como van a salir las cosas. Puedes intuirlo, desearlo. Puedes aferrarte a la mayor de las esperanzas y pensar que por una vez, todo va a marchar sobre ruedas.
Pero no sabrás que saldrá de ahí. Nadie ha firmado un contrato asegurando nada y por tanto, toda esa esperanza toda esa ilusión que cada día va haciéndose más grande, podría ser una billete de ida y sin retorno a la decepción, al dolor.
Porque de eso vivimos, de esperanza y dolor. Es lo que nos mueve, lo que nos incita a seguir un poquito más. Para a ver si así conseguimos el objetivo final, a ver si así conseguimos llegar al puntito que se divisa al horizonte, a pesar de que la carretera parezca tan infinita.
Porque con la esperanza trabajamos, nos levantamos, colocamos otra vez todos los ladrillos desde el principio y resistimos cualquier chaparrón. Porque lo que deseas seguramente sucederá; aunque sea improbable y casi imposible, su-ce-de-rá.
Y, después de haber construido y andado todo el camino con tanto primor, llega la hora de la verdad... y en el peor de los casos, descubres que todo aquello a lo que te habías aferrado, era mentira. Era esperanza y no realidad. Y te mueres, te retuerces, te deshaces de dolor. Quieres continuar pero el golpe no te deja, te lo impide, te mantiene pegada al suelo con la mirada fija en aquello que quisiste y que no conseguiste, para recordarte lo que has perdido, lo que nunca has tenido, o lo que jamás volverás a tener.
Pero entonces el dolor actúa como motor. Como afrodisiaco. Como alimento. Y te chupa tanto que empiezas a desentumecerte por inercia, como un robot. Comes, caminas, duermes,.. todo mecánico. Pero te mueves, y te das cuenta que a pesar de aquello, de aquel golpe duro, de aquel dolor insoportable, puedes seguir moviéndote y piensas que quizá puedas volver a intentarlo en otras circunstancias, en otros colores y sabores, con otras personas, en otras calles y con otros materiales. Y te inunda la esperanza.
Llega, te saluda, y te sonríe y te enreda. Y después del dolor llega la esperanza como salvación, como un soplo de aire fresco, y entonces vuelta a empezar...

martes, 31 de agosto de 2010

Where is my mind.


No importa. Ya se que no lo leerás.
Pero todo está silencioso y tengo que caminar de puntillas.
De cualquier manera..Te quiero.

domingo, 29 de agosto de 2010

Sinceridad pura y dura.

De eso va hoy. De vivir en el infierno. Vivir rodeado de angustia, ansia, desesperación. Sentir como el calor te traspasa y te quema, te calcina todos y cada uno de tus huesos pero no puedes hacer nada. Porque la mente es el infierno, y el corazón está en la mente. Y duele.
Pero no lloras. No lloras porque has aceptado la situación como parte de tu vida. No chillas porque eres incapaz de articular palabra alguna. Te sientes muda, sola, atrapada en un torbellino de clavos, astillas, agujas y ácido. Y el ácido que te sale del estómago. Vomitando aire.
Y recuerdas cuando lo percibiste, percibiste esas vibraciones y fuiste a por ellas. Como un perro hacia la comida. Como un bebé busca desesperadamente el pecho de su madre.

Pero es tu día a día. El tira y afloja que rechazas y anhelas. La venganza espolvoreada con amor. La ternura rodeada de celos.
Y te vacías, te vacías por dentro con una cucharilla para no sentir más dolor. Porque tienes algo que quieres, y no puedes perderlo. Pero es que no lo quieres. O no sabes. Y de repente ya no lo tienes. Y sientes alivio. Paz. Tranquilidad en tu cuerpo y en tu mente. Empiezas a recomponerte poco a poco, como puedes, despacito. Sin anestesias.
Y descubres que  no, que estás mal, destrozada, vacía. Otro tipo de vacío ocupa tu interior. Y sientes miedo. Muchísimo miedo. Y empiezas a temblar, a sangrar por dentro, a volver a descomponerte porque no sabes que es lo que realmente pasa, que es lo que quieres o que es lo que tienes. Y otra vez el miedo te inunda, te llena, te cala, te abraza. Y no tienes más remedio que correr, para ser más rápida, para ganar unos segundos de ventaja, para evitar que todo ese mar salado que habita detrás de tus ojos inunde tu cara, tus manos, tu ropa y toda una habitación entera. Pero de todas formas te ahogas, te ahogas por dentro, porque ese mar pequeñito está ahí metido, en el pecho, y el pecho sube y baja y grita y se queja. Que por que, que qué pasa, que no quiere, no le gusta, está asustado.
Y tú también.

jueves, 3 de junio de 2010

Sucesos ''brillantes''

Seguía sin comprender los motivos por los que todo esto sucedía.
Si sus firmes principios de toda una vida habían sido derrumbados en cuestión de segundos, ¿Cómo había podido estar tan segura de que sus creencias eran firmes? ¿Por que había hecho algo así?
Estaban claras las consecuencias, saltaban a la vista de cualquiera. Al menos de cualquiera que supiera observar los nimios detalles que a la mayoría de personas no interesan y pasan por alto.
Entonces, sólo quedaba aceptar todo aquello que había ocurrido y armarse de valor para enfrentarse a lo venidero. Y no iba a ser fácil. Más bien no se lo iban a poner fácil. Porque es de saber común el grado de maldad de los demás. Aunque peor que eso, mucho peor, era que interfiriesen en tu vida, que penetrasen y sustrayesen lo que interesaba para así poder hacer de todo con ello. Luego llegaban los carroñeros y tomaban las sobras. Y mientras tú te deshacías entre frase y frase. Y entonces después vendrán los sorprendidos y los que se hacen los sorprendidos.
En cuanto pisas en falso y bajas la guardia sacan la artilleria pesada y encargan al afilador sacar brillo y punta a sus cuchillos. Lo peor de todo es que saben como aprovechar los momentos; los momentos de tristeza, de lamento, de ira, de impotencia, de alegría, de resignación.
Todos y cada uno de tus estados emocionales son utilizados para llenar bocas y oídos de cualquiera que se acerque a opinar y escuchar. Para ellos, un rico manjar con el que deleitarse durante un tiempo.
Hasta que encuentran otro desliz.
Entonces caes en el olvido. Después de haber sido magreada, robada, utilizada, comentada, estudiada y pisoteadad, toda tu vida personal, te abandonan. Como una piel de conejo viejo e inservible.
Y van en busca de carne fresca.

Ellos, los carroñeros y los demás personas que conforman un particular libro de la selva en el que realmente, nadie sabe nada. Y nadie sabe quién realmente lo saben. Pero todos opinan y murmuran. Qué curioso, afirman observar, pero siempre tienen los ojos cerrados.

viernes, 21 de mayo de 2010

Hell help us.


Notas como te acercas alarmantemente a la línea divisoria interpretada como peligro.Pero es irremediable. Dicha línea actuaría como imán hacia las fatalidades. El drama. Pero en realidad (y contrariamente a lo que generalmente inunda los pensamientos de las personas) no es la línea lo que te atrae hacia ella, sino lo que ella conlleva, lo que existe detrás de ella es lo que actúa como imán propio.No se trata de curioseo inocente (o no tan inocente), no apliquemos el refrán de La curiosidad mató al gato, porque en este caso, lo que realmente mata al gato es él mismo y su afán autodestructivo.

Sus ganas por tomar y a la vez rechazar una misma idea y por sentir algo diferente de lo sentido. Quizá si no negásemos continuamente esta naturaleza autodestructiva, que no necesariamente nos conduce al fracaso, ya que a veces llegamos a algo distinto, algo como un universo nuevo con otras tonalidades de sufrimiento, angustia, alegría, tranquilidad, distintas, y aceptásemos el poder de la inconsciencia por encima del raciocinio, entonces quizá (repito) seríamos algo mas libres.


Los cambios nos descolocan, pero son necesarios. Necesarios para avanzar, madurar. Aspiramos a algo más que a sentirnos exactamente iguales durante toda la eternidad, ¿verdad?Si aceptas el cambio, debes aceptar el dolor. Las relaciones del mundo son mucho más complejas de lo que percibimos y tenemos que aprender a vivir con ello. Eso si, jamás estaré hablando de resignación. Se trata de entender los no-equilibrios. O los delirios.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Kit-kat.


La felicidad no es un todo. Son pequeñas cosas que se van sucediendo en medio de otras que te gustaría que no existieran, pero como siempre dicen, seguramente sin ellas, la felicidad no tendría el significado que tiene.
Aunque, si la felicidad es un sustantivo aplicado a una idea que tenemos sobre algo y no todos tenemos la misma idea ni concepto ni nada parecido sobre ella, ¿quién cojones se atreve ahora a definirla? ¿Quién puede afirmar lo que realmente es?


¿Y si eres capaz de palparla? Como cuando respiras la alegría que invade una fiesta.
Si no estuviésemos preocupados por aquello que no tiene gran importancia y no nos encontrásemos distraidos tantas veces en el tiempo, notaríamos la tristeza y el anhelo. Y palparíamos la felicidad.

O la falta de esta.
Como una habitación sombría en la que presientes que nada bueno sucedió.


viernes, 7 de mayo de 2010

Hablamos demasiado, pensamos poco, observamos menos y escuchamos nada.


"Lo bueno de tener 18 años es que todo pasa deprisa. Nacemos, estamos, y morimos; y quizá, si tenemos suerte, dejamos alguna pequeña huellita, que al fin y al cabo es lo que importa. Con las mágicas edades del desconsuelo creemos que todo es terrible y que es imposible enmendar esos ''enormes'' errores que hemos llevado a cabo.
También nos ''enamoramos'' inocentemente, que desde mi punto de vista es bonito. Pero ya.
Afirmamos con rotundidad que solo existe una persona en nuestra vida y no somos capaces de ser realistas.
Lloramos, engañámos, mentimos, reímos, caemos rodando, nos refugiamos, probamos, nos entusiasmamos. Aprendemos.

Me pone enfermo.
(...) ¿Nadie se da cuenta ya de las cosas o que? ¿Que cojones pasa con nosotros?
¿De verdad nos hemos convertido en.. esto? ¿En algo tan simple?

No me considero una lumbrera, ni siquiera creo que sea alguien listo de verdad, pero lo que sí he podido comprobar es que la sabiduría no tiene que ver con la inteligencia. Si algo me enseñan Platón y Aristóteles y las cavernas y La República es que cada día estamos mas acabados.
No hablo de los tópicos de que siempre sonríen los que menos lo merecen. Y siempre es mucho decir, para que te enteres.
Además, ¿tú que sabes de eso? ¿Acaso lo has llegado a comprobar? ¿Acaso siquiera alguien ha llegado a hacerlo?
Hablamos demasiado, pensamos poco, observamos menos y escuchamos nada.

Me da igual lo que digas.
(...) No nos falta amor, ni razón, ni voluntad, ni tolerancia, ni desgracias, ni tampoco alegrías.
Tenemos casi de todo y no tenemos nada. Pero de eso se trata.
¿No lo entiendes? ¿No alcanzas a verlo? Es una pena que alguien tan joven sienta pena por cosas que no debería sentir. Y no hablo de tristeza sino de pena.
Afirmaciones, preguntas, supuestos, roturas de tuberías y de postre síndrome de diógenes para todos por favor.
A esto voy. ¿Lo vas pillando? No es muy difícil de comprender si conoces algo acerca de ello.

(...)Basura reciclada. Bolsas negras, azules, blancas, amarillas. Grandes, pequeñas. Abiertas, cerradas, viejas, nuevas.
Muñecas rotas (en ambos sentidos) que mueren en el desesperado intento por lograr encontrarle sentido a algo de todo esto.
Dicen que me atrae el dolor. Las reacciones y sus consecuencias.
Y es cierto. Me encanta el dolor, es una de las cosas mas interesantes y complejas que puedan existir.
Nadamos en mierda y ni nos damos cuenta. Y como el sujeto que le obligan a salir de la cueva y mirar al sol, nos resistimos a aceptarlo. Porque nos causa sufrimiento, dolor.
Ya lo he dicho. El dolor.
Es de las pocas cosas que está presente en nuestras vidas desde el nacimiento (azote) hasta nuestra muerte (variantes)
Y por el medio, un montónde tonterías inútiles en las que perdemos cientos de minutos de nuestras vidas.
Creo que sigues sin entenderlo. No hay muchas personas que compartan mi filosofía de vida.
Una pena señores. Y un placer."



(#Mi internet ha vuelto, tengo vida cibernética de nuevo, como se puede apreciar)

jueves, 18 de marzo de 2010

Que no me gusta esto.

Siempre las mejores ideas, las mejores frases, los mejores consejos, los pensamientos mas oscuros, ocurren antes de irte a dormir, justo en esos momentos en los que reflexionas acerca de todo lo que percibes, todo lo que ocurre a tu alrededor y en tu vida, lo que ves, sientes, oyes y piensas se enreda y se mezcla para crear una cortina de humo que al disiparse deja algo. Puede ser bueno, o malo. Mejor o peor. Pero siempre deja algo.
Otro de estos momentos clímax es una buena borrachera. De esas filosóficas en las que realmente estás pensando y a la vez no lo haces. Quiero decir, reflexionas sin ser totalmente consciente de ello.
Aquí, en mi caso, lo mas probable es que hable. Mucho. Pero que, cuando algo capta mi atención, mi mente se desvía. Y no necesariamente hacia aquello que me había despertado, por decirlo de alguna forma.

Y no me gusta lo que veo. Ni sobria, ni ebria. Ni dormida, ni despierta.
Es una especie de vacaciones eternas que terminan por aburrir.
Y otro día continuo, que ese tema es extenso.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Desastres naturales.


Para empezar creo que mi principal problema es la falta de planificación. Con cualquier cosa.
Puedo ilusionarme e imaginar (como en el cuanto de la lechera), pero nunca va más allá.
Existen personas, que han nacido para planificar su vida y embutirla en una botella de vidrio verde (por si se les olvidan tantos planes), otras simplemente organizan aquellas partes importantes para después no quedarse con una mano delante y otra detrás, y están luego las personas como yo, las que nunca hacemos planes, o si los hacemos, no ponemos los medios suficientes para llevarlos a cabo. Somos personas con buenas intenciones (y con buenas, me refiero a intenciones a secas), pero sin ningún tipo de organización cerebral. Y así está nuestra vida, desordenada. Como una habitación llena de trastos inservibles los cuáles cubren lo esencial. Entonces, os imaginaréis que pasa. Si, que cada vez que quieres conseguir esa meta, ese fin, debes de moverlo todo a un lado y a otro, y te cansas, mucho, te agotas porque tienes que remover demasiadas cosas (esto también me sirve como metáfora del pasado-presente), y al final, prefieres sentarte y entretenerte con algo que esté a mano. Lo primero que veas. Y el tiempo sigue corriendo (aunque el tiempo a veces me importa una mierda sinceramente), así que dejemos el tiempo.


Volvemos a la desorganización mental.
Para casi todo. No, mas bien para todo. Para lo bueno, lo malo, lo inservible, lo improbable, lo importante, lo divertido, lo triste.
Y bueno, ya sabes lo que dicen, las personas desorganizadas van improvisando, hablan improvisando, actúan improvisando.
Quizá por eso a veces son puro nervio.


Aunque la verdad, no creas que los planes lo son todo. A veces planear con mucho ímpetu determinadas cosas acaba desbordando tu vaso de agua al que llamas tu vida.
Para que me entiendas, que te das un hostión que poco más y no lo cuentas (y a veces literalmente).
Pero en fin, que esto también pasa cuando llevas los ojos cerrados y no quieres abrirlos.
Necios, que somos unos necios.
Deberían de meteros a todos en el manicomio. Por gilipollas, y por locos.

domingo, 28 de febrero de 2010

No vale lamentarse.


Creo (sé) que escapar de todo no es una solución. Pero si un alivio. Hasta cierto punto claro. Porque no te puedes pasar la vida entera huyendo, caminando a ciegas y sin rumbo, escapando continuamente de todo aquello que un día decidiste dejar en el aire.
Porque a la larga, eso tan sólo te trae problemas. Que se van juntando y sucediéndose a su vez con determinadas complicaciones las cuales pueden llevarte a la perdición.
Yo, por mi parte, creo que ya no huyo, pero si que cierro los ojos, doy la espalda y me quedo quieta, como esperando el momento en el que todo estalle a mi alrededor y me quede sola, en medio de nada, sin nada. Con nada.
También creo que la mayoría de nosotros tenemos un problema gordísimo de estupidez y de egoísmo, de esto último sobre todo.
Porque para empezar, casi nunca pensamos en lo ajeno. Por muy cerca que esté, nos da igual. Somos nosotros contra el mundo y no importa lo que nos llevemos por delante porque estamos ciegos y sordos, y como dije antes, estúpidos.
Tanto que no sabemos ver, oír, apreciar, entender, esas pequeñas señales, esas casualidades, coincidencias, gestos, movimientos, que nos avisan, que preveen que el desastre está apunto de sucederse.
Aunque sinceramente, en estos momentos la palabra desastre le queda grande al tipo de circunstancias de las que estoy hablando, y no me parece nada adecuada.
No me parece nada adecuada y ni siquiera justa. Por respeto, sólo por eso, deberíamos moderarnos. En todo.
Y pararnos a pensar. Que bien nos hace falta.
Que quién juega con fuego, con fuego se quema.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Ni lo leas.

No nos queda nada.
Todo está inventado y todo está pensando para que cada suceso se repita cíclicamente una generación tras otra.
Dame respuestas, preguntas, preguntas a a tus respuestas y ya estará todo vivido. No encontrarás (casi) nada que aún no se haya hecho.
Jóvenes con promesas que terminaran rotas o en el olvido. Dudas. Miedo. Un terrible miedo a todo. A exponerte mucho, a exponerte poco, a que los demás vean como eres en realidad.
Ni lo que haces, ni lo que piensas, ni lo que dices es nada nuevo.
Muchísimas personas han pasado por todas esas situaciones así que deja de creerte alguien especial.
Deja de escudarte, deja de reprochar a los demás.
Tus actos son pura culpa tuya. Y si tienen consecuencias desagradables e incluso dolorosas, debes cerrar la boquita enmendar. Aprender. Y finalmente, si no tiene una solución visible, dejarte la piel en buscarla y conseguirla.




En fin. Que estaba mejor escribiendo sobre Lyla que contando milongas. Aunque al fin y al cabo, escribo por placer, no creo que esto haga cambiar una vida, ni tampoco lo pretendo. Pero me relaja, y en estos momentos hay muy pocas cosas que lo hagan.

martes, 9 de febrero de 2010

Scream?

Ayer me pidió que escribiese algo sobre ella. Que la tenía olvidada y eso le preocupaba. Le dije que estaba bien pero seguía insistiendo en que no me creía; aunque la verdad, la ví mucho peor que yo.
Pero bien, realmente tenía razón, ni yo estaba bien ni ella tampoco.
Había algo que no encajaba en todo este maldito puzzle. Basta con que una pieza se pierda para que te rompas la cabeza intentando resolver el rompecabezas.
Basta con que una sola pata de la silla en la que estás sentado en estos momentos, se rompa, para que te caigas estrepitosamente al suelo. Basta con que un solo naipe de la base del castillo se caiga para que todo se venga abajo.
Y es que los pilares es lo más importante. Siempre.
Pero a veces se nos olvida. Y no los cuidamos ni los colocamos adecuadamente en el lugar, en el punto exacto, y entonces todo se desmorona.


Y eso no me gusta. Lo de volver a construir algo desde cero cuando ya estaba (casi) terminado. Desespera y te deja pues eso, entre escombros.

viernes, 29 de enero de 2010

Que nos jodan. Parte I.

Pues lo que pienso, es que nunca deberían de habernos engañado.
Primero con eso de Papá Noel o en su defecto Santa Claus, que viene a ser exactamente lo mismo, después con Los Reyes Magos y toda la parafernalia de la Navidad (de ahí que tengamos una concepción a veces extraña del mundo, esto de que Jesús sacrificó su vida por los demás y le dieron por el culo casi literalmente no es algo que un niño de 5 ó 6 años pueda comprender, en ningún aspecto). Más tarde, cuando empiezan a desaparecer tus primeros dientes, esos de leche tan pequeñitos y monísimos, nos dicen que viene un ratón, que colecciona dientes, colmillos y muelas, como los gogos, los tazos o los cromos de los Simpson vamos, y que a cambio nos deja un premio. Pero todo esto mientras dormimos. Porque todos estos seres lo ven todo por un agujerito y si te portas mal te dejan sin regalos.

Toda una serie de mentiras seguidas, primero, ese cuento de que el gordo se cuela por la chimenea, que no todas las casas tienen, pero en fin, segundo, que los Reyes Magos son inmensamente ricos, pero solo puedes pedir uno, dos, tres regalos y como mucho otro mas de sorpresa (pues menos mal que eran ricos), tercero, el super-ratón (porque sería un nombre más apropiado para el Señor Pérez) te cambia cosas geniales por dientes. He aqui la pregunta ¿Por que cojones quiere tantísimos dientes? Con la dentadura que se gastan todos los ratones del mundo, el estúpido de Pérez es el único que necesita muchos dientes. Pues vaya timo ¿no?

Pues claro.

Y cuarto. Veamos, eso de que te dejan sin regalos es la mentira mas gorda de todas. Ni aunque suspendas todas las asignaturas, te escapes de casa, y robes a una anciana vas a quedarte sin a menos un regalo.

Pero bueno. Ahí yo ya, ni me meto.

Después viene la tontería de la masturbación. ¿Qué problema hay con eso? ¿Que pasa, que debes acumular telarañas en los órganos sexuales esperando al príncipe azul/princesa salvaje?(Sexta mentira)

La quinta es ese miedo inculcado sobretodo a los niños; porque las niñas pensamos que eso de toquetearse es algo feo y sucio y siempre negamos que nos hayamos tocado alguna vez (Séptima mentira), los preadolescentes viven con el miedo a quedarse ciego (gracias a dios la Quinta mntira se esta diluyendo de las mentes de nosotros, las personas modernas, civilizadas, cultas e inteligentes)

Hablemos de la Sexta mentira. Príncipes y princesas, cachondos y cachondas, esclavas sexuales que cocinen bien, amos de casa, obedientes, ricos, atentos, etcétera, etcétera, etcétera. Pues vale.
No lo entiendo.
Luego viene el tópico de que el dinero es basura (díselo a las familias en crisis), que todos tenemos un gran corazón y que nadie actúa por y para sí mismo.
Y bueno, realmente, cínicos (perdonadme), sabeis tan bien como yo, que todo lo que vivís es una mentira, o bueno, dejemos margen a la duda, simplemente diré que hay mentiras y verdades a medias (en el mejor de los casos)

Así que, si quieres, pierde un poco de tu tiempo (ya que te has estado leyendo todo esto) y párate a pensar. Instrospección del yo (pero sin poesía).
Y ahora yo te pregunto: ¿Qué ves? ¿Qué sientes? ¿Qué observas?
Si es que no hay nada joder. No me cansaré de repetirlo. No hay absolutamente nada.

Así que dime, ¿prefieres conformarte, seguir soñando o abrir los ojos?
Tú decides. Al fin y al cabo, yo sólo opino.

martes, 19 de enero de 2010

No tengo Post-it.


La verdad, no recuerdo en que momento las cosas empezaron a cambiar. Quizá fue antes de que tuviese conciencia de ello. Quizá fue incluso antes de que tuviese noción de todo eso. O fue cuando empecé a tener noción. O pueder ser, que fuese en un determinado momento y mi mente lo ha bloqueado.
Y si así fuese, entonces, ¿pueden haber sido ese conjunto de sucesos, los que han determinado mi personalidad, mis principios, mi forma de ver, pensar y hacer las cosas? Aunque no sea consciente de ellos.
Quizá es un escudo, un rechazo ante determinadas actitudes, lo que provoca esas reacciones.
¿Cómo controlar? Difícil solución. Aunque quizá, si eres una persona un tanto complicada, con tendencia a rebuscar y sacar puntilla y explicación a la gran mayoría de sucesos que ocurren a tu alrededor, alguien que se fija en los detalles, una persona observadora, quisquillosa y algo maníatica, ¿que puedes esperar del resto?
Mezcla todo esto con intentos fallidos o frustrados. ¿De qué? No importa. Ahora mismo no es relevante.


Mientras dure(n) la(s) tormenta(s), necesito un abrigo. Que me muero, de frío. Y la lluvia cala cada vez mas. Demasiado.

lunes, 11 de enero de 2010

No more tears, my pain.

Es verdad que no escribo tanto como antes. Aunque siga teniendo motivos parecidos, mi blog ha disminuido el número de entradas a medida que el tiempo corre y los meses pasan.
Y no es porque no tenga nada sobre lo que escribir, simplemente se trata de un conflicto de intereses en mí misma. Conmigo misma. A eso se le suma una desorganización de tiempo, espacio y mente exageradamente gigantesca, y una pérdida de horas frente a una pantalla sin tener los suficientes huevos a palabrear sobre lo que no me gusta.
No temo dañar a nadie que me haya dañado a mí, pero tampoco serviría de nada intentar hacerlo. No temo escribir lo que pienso, siento, vivo, imagino, deseo, pero a veces hasta eso se me queda demasiado grande, o incluso demasiado pequeño.
Tengo días y días. Y soy un auténtico y completo desastre. De hecho, está en proceso incorporar a dicha definición una imagen con mi rostro.
Soy un desastre que se refugia en lo que dice y en lo que no. Pero necesita decirlo porque si no lo hace, revienta. Aunque veces es mejor callar(se) y esperar a que la tormenta amaine.
¿Y si la tormenta no amaina nunca? ¿Y si el miedo acumulado se sigue almacenando y llenando los recovecos que algún día quedaron vacíos por el desgaste del autocontrol?
¿Tiene sentido preguntarse que pasaría o sencillamente esperar a que pase (si es que pasa)?
Porque ponerme en situaciones (agradables y/o desagradables) no ayuda a que las resuelva con mayor eficacia cuando el momento llegue. De hecho solo sirve para apretar más el nudo que tengo en el estómago y que sólo afloja cuando llega a la garganta y amenaza con ahogarme.
Todos sabemos que los planes, y los ''planes'', no funcionan, simplemente sirven de guía. Y a veces ni eso. Porque vamos a ver, si todo dependiese de como queremos que salgan las cosas y la eficacia de planificación de las mismas, todos conseguiríamos todo. Y sería el caos.
Pero como me gusta a mi el caos. Como me gustan los enredos y el dolor. Dolor.
Te hace sentirte vivo y te permite por algunos instantes darte el lujo de la autocompasión, del desenfreno, de la excusa, del encubrimiento.
El dolor nos lleva a reaccionar y normalmente nos hace perder un poco los papeles (sobretodo con nosotros mismos)
Pero una vez que aprendes que el dolor te curte (aunque sigue doliendo), terminas por intentar manejarlo. Y si lo consigues una vez de cada cien pues bien, y sino, pues bien también porque aunque el dolor no sea excusa, a la vez si lo es.

No podemos huir, ni escapar de él. De hecho, estamos continuamente escapando, alertas. Y él está tan al acecho que de repente te sorprende en cualquier esquina, justo cuando llevabas la guardia baja.
Porque si, también de vez en cuando necesitamos relajarnos.. aunque sepamos que pasa entonces.
Vulnerabilidad.


Y reímos por no llorar. Al menos yo.

martes, 5 de enero de 2010

¿Por qué no regresas?


Lyla escribía sobre Lyla mientras odiaba al mundo, se odiaba a ella misma y odiaba a los que odiaban. Por tanto se odiaba doblemente.
Tenía esa sensación de no querer hacer, decir, pensar, escribir, nada. Quería la nada. Esperar, oír, ver, callar.
Pero tampoco. Quizá esperar le vendría bien, pero siempre había sido algo impaciente. Mas bien muy mucho. Oír.. oír, ¿que? ¿Qué es lo que venía bien escuchar? ¿Y ver..? Ver no es mucho mejor que oír cuando no hay nada bueno que enseñar.

Y callar. En fin. Eso era una tarea verdaderamente difícil. Al hablar se integraba, se sentía un poco menos al margen. Un poco menos absurda. Aunque seguía siéndolo.
Así que callar se le daba realmente mal. Desde que era pequeña, pequeñita parloteaba como un loro, haciendo reír, llorar, desesperar. Sólo callaba cuando pensaba en cosas serias, y aún así, bueno, costaba.
Pensar en voz alta. Y mil escalofríos. Escuchaba su voz, hablándose a sí misma. Hablando con nadie y con alguien. Una voz robótica que le hablaba desde las profundidades de la caverna de la absurdez. De la locura quizá.

Lyla.. aluna vez lloró. Yo la ví. Y la quise abrazar. Quitarle el frío y secarle las lágrimas. Tocarle el violín, cantarle, dedicarle una canción de piano. Borrarle la tristeza y sonreirle. Llamarla. Lyla, vamos. Regalarle el sol, la luna.
Pero no podía. Lyla no quería, Lyla estaba en otro lugar. Perdida lejos de nosotros, de aquí.
Sólo quedaba un rostro que quizá, en otra época, fue la cosa más dulce del mundo.